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Lic. Amalia Escobar
Directora General

Enero 25, 2019 // Otros:

Jorge Martín Aguilar y Rito Emilio Salazar … 30 años de Clavel del aire

NEWS
Jorge Martín Aguilar y Rito Emilio Salazar … 30 años de Clavel del aire

Un piano hacia el centro del escenario del Palacio Municipal de Álamos, un atril hacia su derecha y un monitor al centro, daban la bienvenida al auditorio que poco a poco iba ocupando las sillas del patio central de Palacio. La atmósfera del recinto se llenaba de sensaciones divergentes, subyugantes, por motivos que iban más allá de lo que representa el foro, el festival, la ciudad y la hermosa construcción. Es el día donde se recuerda el nacimiento del personaje que desde hace 35 años congrega en esta colonial ciudad del sur del estado de Sonora a una gran diversidad de personas, personajes y géneros musicales, todos relacionados al canto; nos referimos al Dr. Alfonso Ortiz Tirado.

El canto, la nostalgia, los recuerdos, las anécdotas y posiblemente hasta alguna lágrima inundaban el ambiente para presenciar, disfrutar, y posteriormente despedir un espectáculo que cerraba un importante ciclo que, en mi humilde opinión, marcó un punto muy importante de lo que actualmente se conoce como Festival Alfonso Ortiz Tirado. Era en la quinta edición, allá en el mes de enero de 1989, que Clavel del aire se dejaba escuchar por primera vez, el cual se mantendría, ininterrumpidamente, con apoyo oficial o no, dentro del programa oficial o no, por los siguientes 30 años.

El programa estaba formado por 10 piezas, parte del repertorio habitual del doctor Ortiz Tirado (justo decir que Jorge Martín Aguilar es sobrino de Ortiz Tirado, a quien no conoció, ya que nació después de la muerte de su famoso tío), el cual fue interpretado en el estilo de este repertorio, es decir, el estilo popular, pero fino; con gran respeto por la interpretación de las melodías y el mensaje que encierra en cada una de las canciones, una técnica vocal adecuada al repertorio, hacia el canto lírico, sin llegar a él; un acompañamiento pulcro, con pequeñas muestras de lucimiento pianístico, pero, por otro lado, haciendo duetos con el cantante.

Este concierto, además de tener la carga emocional y nostálgica, marca el retorno del perfil artístico (que es la única vez en esta edición) que el Palacio Municipal tuvo en sus primeras ediciones (entre la primera y la sexta), el cual ha sufrido una gama de modificaciones por las administraciones estatales subsecuentes, incluyendo a la actual.

Jorge Martín Aguilar Tirado, tenor lírico hacia lo spinto, ingresó al escenario acompañado por Rito Emilio Salazar Ruibal; ambos ocuparon sus respectivos lugares y dio inicio el concierto. Cada una de las piezas, algunas agregadas de última hora, otras cambiadas de lugar y hasta alguna omitida, iba acompañada de la plática de Jorge Martín, donde comentaba alguna anécdota, historia, suceso familiar, incluso con la participación de Rito Emilio.

Jorge Martín supo crear una comunicación cercana, logrando, de una manera muy interesante romper la cuarta pared (esa imaginaria establecida en el proscenio que separa al artista del público), de tal forma que hizo al público involucrarse y cantar junto con él. Su concepto era la interpretación sobre el virtuosismo vocal, la interpretación cálida de las frases, del mensaje, en el estilo popular que caracterizó al doctor Ortiz Tirado: una voz que envuelva, penetre y toque el corazón del auditorio. Nunca se escuchó un agudo, un sonido forte, un rompimiento del estilo marcado; mostró que es posible arrancar aplausos manteniéndose en el campo de la interpretación, con una voz contenida, pero llena de calor, de nostalgia y de dulzura. No son necesarios los grandes agudos o los sonidos apantallantes; el auditorio sabe reconocer y premiar a los intérpretes, del mismo modo que al virtuosismo.

Es así como transcurrió el programa hasta su última pieza, Clavel del aire de Juan de Dios Filiberto, que marcaba el final del programa y de este espectáculo. Un ciclo se cierra; esperamos que otros más se abran.

Estuve en el inicio de Clavel del aire; ahora soy testigo de su despedida. No pude detener aquella lágrima que misteriosa y caprichosamente apareció, rodó y rápidamente su fundió con el ambiente, sumándose con las que iba encontrando en ese camino entre el auditorio y el escenario.